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Cabos sueltos

Rocío llegó tarde al trabajo, otra vez. Se quedó dormida, de nuevo. Cuando por fin, el sueño la venció a las seis y media, no pasaron ni veinte minutos y el despertador sonó, pero lo apagó y hasta una hora y media después no volvió a despertarse. 

Saltó de la cama, se puso el uniforme rápido, apenas llegó a peinarse y mientras se lavaba los dientes, pidió un taxi al que se subió con los zapatos en la mano cinco minutos después.

La noche anterior había sido peor que las demás, porque esta vez, Hernán no volvió a casa, a pesar de los treinta y cuatro mensajes de Whatsapp, de las quince llamadas y los siete mensajes de texto.

Todos los martes hacía lo mismo: El fútbol con los muchachos y una birrita. Se iba a las siete de la tarde y volvía a las tres de la mañana, completamente birracho y algunas veces, con una zapatilla menos, o sin la mochila.

Rocío, resignada, lo esperaba sentada en el futón del living con una frazadita y cuando él cruzaba la puerta, se levantaba y revoleándosela con ira, se iba a dormir. Ya no mediaba palabra: Los últimos dos años habían sido de conversaciones larguísimas los miércoles, cuando a Hernán se la pasaba la resaca y prometía no volver a hacerlo más.

Rocío, insistente y heroica, no preguntaba a dónde iba. Simplemente, se limitaba a creer que su novio tenía un problema con el alcohol. 

El último año aconteció mucho más duro, porque a raíz de la situación, Hernán fue despedido de la compañía aérea dónde trabajaba: Los pilotos no pueden presentarse a trabajar alcoholizados.

Después de eso, Rocío tuvo que hacerse cargo de todo, y a pesar de la insistencia de su círculo más íntimo, se negaba rotundamente a dejar a Hernán.

Esa misma mañana, en la que no volvió a casa, al llegar al trabajo, Rocío entró al aeropuerto corriendo y se sentó en su puesto. No pasaron ni cinco minutos, para que Laura, su amiga de Recursos Humanos se acercara corriendo al escritorio y le dijera al oído: – Desocupate rápido que quiero hablar con vos.

Rocío dejó lo que estaba haciendo inmediatamente y se paró, respondiéndole: – Dale, vamos a tomar un café a la cocina.

Laura le preguntó si se había quedado dormida otra vez.

– Sí, amiga. Hernán no volvió. Lo estoy llamando y escribiéndole desde anoche. No responde. 

– Ya me bajaron la orden de que si llegás tarde una vez más, te van a rajar. La tenés que terminar con esto. Echalo Rocío, vos no tenés una idea de lo que está haciendo. – Le dijo.

– ¿Vos qué sabés que hace? – Preguntó.

– La indemnización de Hernán fue mucha guita Ro. Él te dijo que lo echaron porque cayó en pedo, pero ¿Vos te diste cuenta que se pone en pedo solamente los martes? Una sola vez, que le tocaba embarcar un miércoles, tuvimos que pedir relevo. A Hernán lo dieron de baja por otra cosa. En realidad, es información confidencial, pero te lo tengo que decir, porque ahora está en juego tu trabajo.

– ¿Lo indemnizaron? – Preguntó sorprendida.

– Obvio, lo echaron sin causa. Lo de los martes lo hacen todos los pilotos, cuando no les toca volar los miércoles. No van a jugar al fútbol, se van de joda.

– Siempre se llevó los botines. 

– Rocío, tengo diez años más que vos en la aerolínea. Todos se borran hasta el día siguiente, todas las mujeres llaman a ver si vinieron a trabajar. Todos tienen un repertorio, pero a Hernán le jugó en contra que fueras empleada de la compañía.

– ¿Por qué lo echaron Laura? No des más vueltas. Quiero saber dónde está, estoy preocupada.

– No sé dónde está, pero se que lo echaron por algo pasó con Virginia Peláez, la azafata de vuelos internacionales, la rubia, que pidió la baja en abril cuando tuvo el pibe. Nunca nos dijeron bien qué era, igual yo averigüé. A ella le dieron un montón de plata para que pida la baja y a Hernán lo echaron en el mismo momento. Ella se quedó unos meses más y después se fue, con toda esa plata.

– ¿Y qué tiene que ver conmigo eso?

Laura revoleó los ojos y mientras se iba, le pidió a Rocío que la espere.

Mientras Rocío esperaba, Hernán empezó a llamarla, ella lo atendió.

– ¿Dónde te metiste? ¿No te parece mucho? Son las once de la mañana.

– No voy a volver Ro. Quería avisarte que corras la cama y levantes el parquet: Ahí está toda la plata que te dejo. El resto la tengo yo. No creas nada de lo que te digan y perdoname.

Después cortó. Rocío entró en crisis, le transpiraban las manos, la respiración se le entrecortaba y el corazón le latía a dos mil por hora. 

En ese instante entró Laura, con una carpeta en la mano. Rocío estaba pálida.

– ¡¿Qué te pasa?! ¡Parecés un papel! ¡Llamo a la enfermera! – gritó

Me llamó Hernán, me dijo que no iba a volver, pero terminame de explicar.

Laura no se animó a decírselo, aunque se moría de ganas. Rocío insistió en que no llamara a la enfermera y también, en que se lo diga.

– Mirá – le dijo, y abrió el expediente que llevaba entre sus manos – Esto es lo que pasó: Aparentemente, Hernán abusó de esta chica, y por eso lo echaron. Con la piba arreglaron, que si no hacía la denuncia, le iban a dar una suma bastante interesante. Y ella accedió. La política de la aerolínea es ocultar estas cosas, por un tema de publicidad, principalmente. Está mal visto que pasen estas cosas. A mí nunca me pareció, por eso, en los registros de recursos humanos, propusimos guardar todos estos acuerdos que son por debajo. Imagínate que un tipo abusa de una mujer acá adentro y después lo vuelve a hacer afuera… Algo tiene que quedar documentado Ro.

– ¿En serio guardan eso?

– Solapadamente. Acá ¿Ves lo que dice? – señaló, y agregó – Dice que ellos tenían una relación fuera de los parámetros de la compañía, y que en el marco de esa relación, Hernán causó una situación inadmisible para la empresa, quedando esto comunicado por esta piba, Virginia, al departamento de Recursos Humanos. – finalizó.

Básicamente dice que la compañía no permite relaciones de pareja. Ja! Conmigo no tuvieron drama.

– Vos no fuiste a Recursos Humanos a decir que estabas en pareja con un compañero, además no compares volar en el mismo avión que cruzarte en la puerta de embarque. 

– ¿Por qué creés que Hernán me llamó y me dijo que se iba?

– Porque debe haber vuelto con la ex mujer. La mina viene llamando a la aerolínea día por medio preguntando porque lo echaron, esa información no se la podemos dar, está prohibido. Si la mina está llamando es porque sospecha algo. 

– ¿Se habrá ido con ella?

Las conjeturas de Rocío y Laura, no estaban demasiado equivocadas, pero sí un poco.

Esa misma tarde, cuando salió de trabajar, completamente sacada de quicio, Rocío volvió a su casa, sacó el auto y se fue hasta San Isidro, dónde vivía Silvina, la ex de Hernán, con sus tres hijos.

Tocó el timbre de la inmensa casa cercada con paredones de ladrillo a la vista, atendió la hija mayor de Hernán.

– ¿Está tu mamá? – le preguntó. La adolescente no respondió, pero en menos de cinco minutos Silvina estaba afuera.

– ¿Qué hacés acá vos? – le preguntó en tono desafiante, parada de brazos cruzados.

– Quiero saber si Hernán está aca. 

– ¿Para qué lo buscás? Se fue, se armó la valija y se fue. Y ahora que estás acá, ya entiendo.

Rocío no comprendía bien, de que le hablaba la mujer. Cuando le dijo que había armado la valija, entendió que las últimas semanas, no había estado a prueba en la Aerolínea con base en Dubai, como le había dicho, sino en la casa de su ex.

– ¿La valija? Si está todo en casa Silvina. Hace tres años que está todo en casa. Y vos lo sabías. Hernán no se llevó nada. Anoche desapareció.

– Rocío... Hace dos meses Hernán volvió a casa. Después de que ustedes se separaron, consiguió el trabajo ese, en la aerolínea de base en Dubai y no está nunca, pero hoy, que volvió, me dijo que se iba y no volvía. Me hizo lo mismo, otra vez. 

– ¿Lo mismo? Nosotros no estábamos separados.

– Me cagó Rocío, me cagó. Y encima me dejó sin un mango esta vez. Lo de la indemnización no sé dónde está.

– ¡¿Vos sabías de la indemnización?!

– Y claro ¿De dónde te pensás que comen mis hijos? Si estaba sin trabajo, este pelotudo…

– Conmigo no está, con vos tampoco ¿Dónde está entonces?

– No se Rocío, a mí ya no me interesa Hernán, me interesa la plata.

Rocío se fue de la casa de Silvina con más dudas de las que había llegado. Se subió a su auto y antes de emprender marcha, pensó dos minutos en lo que Hernán le había dicho: Que no crea nada y que la plata estaba abajo del parquet.

Volvió a bajarse del auto y corrió, nuevamente a la puerta de la casa de Silvina. Se prendió del timbre, y esta vez, el portero lo atendió la ex mujer de su novio.

– ¿Qué pasa ahora Rocío? Dejate de joder, no estoy de humor.

– La plata la tengo yo. – Le dijo.

Nuevamente se produjo un silencio. Silvina volvió a salir.

– ¿Vos sabés por qué lo echaron? – Preguntó la mujer.

– No, sinceramente. – Mintió Rocío.

¿No te enteraste lo de Virginia?

– ¿Qué cosa?

– Depositame la plata y después te cuento. Este es mi CBU. – Respondió Silvina, alcanzándole un papelito.

Rocío se fue, pensando si lo de Virginia era lo que ella pensaba o había algo más. Sin embargo, enseguida depositó el dinero. Creía que le correspondía a los hijos ee Hernan. Pero necesitaba respuestas, y todo terminaba en nuevas preguntas. No entendía si eso que no debería creer era lo del abuso, o que él había regresado con Silvina poco tiempo atrás, a vivir nuevamente una doble vida.

Había sido difícil al principio, y cuando todo se acomodó, otra vez, Hernán la decepcionaba. Ya ni siquiera se entendía a sí misma ¿Por qué había perdido tiempo con él?

Al día siguiente, llegó al aeropuerto y directamente fue a buscar a Laura. Creía, que su amiga tendría alguna otra respuesta. 

Camino a la oficina de recursos humanos, todos la miraban con pena.

Laura estaba furiosa, apenas la vio entrar, y le dijo:

– Tu novio nos estafó. Y lo hizo bien, porque esto no puede salir a la luz, sería un gran problema para la compañía.

– ¿Qué pasa que todos me miran así? ¿Cómo que estafó a la aerolínea?

Hernán, un día atrás, usó las millas que le pagaron como parte de su indemnización para tomarse un avión hacia Madrid. Se fue con Virginia. 

Todo el asunto del abuso, había sido un plan perfectamente premeditado, un invento: Tanto el ex piloto, como la azafata, sabían perfectamente que la compañía jamás dejaría salir algo así a la luz. Por eso, les ofrecerían una indemnización y una baja voluntaria paga. 

A Hernán, un despido sin causa, a Virginia, le comprarían el silencio y la desafectarían en breve del personal solicitando la renuncia para no dejar nada que reclamar a futuro, evitándose alguna clase de demanda por el accionar de la empresa con respecto a la conducta de Hernán.

Lo planearon, para escaparse juntos, cuando Virginia, la tercera en discordia, quedó embarazada del piloto. 

Cuando Laura le contó todo eso, Rocío quedó parada, petrificada en la oficina. Ella siempre creyó, que lo de ella con Hernán había sido amor. Pero no, Hernán era de esos hombres que no pueden evitar la costumbre de escaparse. 

Rocío pasó de ser la que engañaba a la engañada. Rocío, se dio cuenta que creer que un hombre casado, y más uno con fáciles vías de escape, era capaz de serle honesto, había sido el error más grande que cometió.

Y así comprendió, que también la patología de Hernán era siempre, dejar algunos cabos sueltos, para demostrar, que una vez más se había salido con la suya.

Silvina, lo sabía todo, de mucho antes. Recordó sus palabras: Lo de Virginia. También las de Hernán: No creas nada.

La ex mujer de su novio, por fin, le estaba dando la revancha, en el medio de una crisis en la que se quedó sola, bebiendo de su propio veneno.






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