Ir al contenido principal

Un verano

Todo empieza con una foto, no demasiado sugerente.

La primera foto: Te doy permiso. Eso le dijiste, estoy segura. La dejaste que ponga una foto con vos. Si vos no la dejabas, no lo iba a hacer, ella sabe que eso es invasivo.

Nace una historia de amor. O algo así.

A mí no me decís más nada, te olvidaste del verano pasado, te olvidaste cuando nos revolcábamos en la arena mientras nuestros amigos abrían una lata de cerveza atrás de la otra que sacaban de esa heladerita de telgopor que compramos a la pasada de la playa, un día con muchísima resaca, para seguir escabiando.

Hace tiempo que te habías borrado, te portabas bien. No conmigo, con ella, pero era un fantasma, nadie sabía de dónde era, cómo se llamaba, ni cómo se veía. No estaba segura, pensé que a lo mejor estabas con la facultad, pero algo sospechaba. En el grupo de whatsapp nadie decía nada. Te borraste un poco.

Me enamoré de vos, pero vos no te diste cuenta de que te enamoraste de mí, no te acordás ni ahí de cómo me miraste ese día en el boliche cuando bailábamos y me pediste un beso.

A vos, el amor te dura poco, porque sos hombre, y tenés veinte igual que yo. Casi exactamente, vos sos de agosto del 2000 y yo de octubre del mismo año.

Ya no respondés los mensajes. Yo también estoy un poco en otra, desde que no me escribís conocí otros pibes, pero ninguno como vos. Ninguno tiene tu risa. Todos pasan, vos quedás.

La semana pasada me acordé de lo que hacíamos en Mar del Plata con los pibes, encontré la foto en la que estábamos todos en la escollera sur tomando ese vodka que vos me hiciste probar, y te la mandé. Me clavaste el visto, pero al día siguiente me respondiste con ese dedito de mierda que sabés que detesto. Supuse que andabas en algo. Ya pasaron dos meses, y todo se fue apagando: Al principio estabas enloquecido por volverme a ver ¿Te acordás de la medallita del rey de copas que me dejaste? Me la diste de garantía. Me acuerdo que me dijiste que te la había regalado tu viejo, antes de morir, y que no la perderías por nada, pero pasaron las semanas, y no te importó. Simplemente, dejaste de responder.

Yo estoy acá en casa, mis viejos dijeron que este verano no fue bueno, bajaron los ingresos en la fábrica de papá y ya no me pueden dar plata para viajar con las chicas a la costa. Por eso, me enojé.

Pero ahora tampoco tengo tantas ganas de ir, porque el verano que viene, esperaba volverte a ver, era la última esperanza. Si total, la casa de tu mamá está al lado de la que nos presta todos los años el abuelo de Agus. En algún momento nos íbamos a encontrar.

Pero hoy entré en Instagram y te vi, le diste permiso. No era para tanto la foto, un abrazo, podía ser una amiga. Después me di cuenta que tu mano estaba demasiado cerca, y te vi los ojos: Te brillaban los ojos igual que ese día que terminamos haciendo todo eso en la playa, ese día que llegamos a las diez de la mañana y nuestros amigos tomaban mate en el patio de la casa de tus viejos, gastándonos.

Pero yo a este cuento lo conozco: Esa foto, es la primera de un millón. Ojalá me hubieras dejado subir una foto juntos, solos.

Ahora tenés novia, y yo sé que este verano, no vas a ir a Mar del Plata. Y yo tampoco, pero sigo esperando, que algún día, como prometiste, me invites a salir en Buenos Aires, porque como decías:

El sur y Barrio Norte no quedan tan lejos.

 

Comentarios

Publicar un comentario