Y un día llega alguien y te rompe los esquemas, pero no las estructuras. No sabés cómo hace pero te enseña a vivir mejor, y vos querés tomar esa oportunidad, querés escuchar a esa persona, querés hacerle caso, sin dudar ni medio segundo.
Un día llega alguien y empezás a sentir que merecés amor, y también darte amor. Esa persona te pone frente al espejo, te dice que te mires, que sos increíble y que podés todo lo que quieras. Esa persona te está motivando a hacer todas esas cosas que pensaste que no podías. Te está diciendo que podés, que nunca es tarde. Te recuerda lo que olvidaste cuando la vida por delante era toda de verdad, te recuerda lo que no pensabas desde tu infancia, cosas como lo inteligente que sos, lo fuerte, y esa clase de cosas que tiene la inocencia de no conocer el mundo, pero tener ganas de descubrirlo. Esa persona, te está agarrando la mano y te está diciendo que no tengas miedo de vivir, que borres el temor de tu cabeza: Sí que sos capaz. De mucho, de todo, de lo que quieras. Y te mira a los ojos cuando te habla, te atraviesa y se siente bien. No son solo palabras lo que dice, es como si lo que siente cuando te lo dice tuviera que ver con sí misma. No hay egos entre vos y esa persona, no hay una competencia, sino un equipo casi perfecto.
Todo encastra, perfectamente, todo. Y nadie grita, ni llora. Nadie está por encima de nadie. Hay calma, hay sensatez y diálogo, hay deseo. Hay amor.
Cuando llega esa persona te confirma que tenías razón, que existía alguien que no te iba a hacer llorar, ni te iba a generar inseguridad, una persona que no te iba a querer convencer que sos culpable de que te enloquezca con sus desplantes.
Existía una persona que entendiera que la base de todo es la comunicación, la complicidad, la honestidad, los gustos en común, el ser compañeros, y buenos amantes.
Existía una persona que se interesara en tus deseos, en tus talentos, en tu vida, en vos. Pero de verdad, porque tener interés en alguien no es sólo permanecer mientras el otro se ocupa de todo sintiéndose invisible, tener interés en alguien significa querer formar parte de la vida de ese alguien y hacerlo, sentirlo. Abrazarse a lo mutuo.
Y un día llega alguien, llega una persona. Llega esa persona. Y la vida se vuelve más liviana a pesar del caos, las incertidumbres y la existencia.
La vida se vuelve más linda aunque ya tomaste conciencia que jamás será perfecta. Un día llega alguien y te detenés a mirar con detalle todo lo que jamás nadie podría haber logrado convencerte de que podías hacer. Llega, y te dice de alguna manera: Sos tan increíble que sos capaz de volverte aún más increíble.
Y no lo podés creer, pero lo creés porque desde que esa persona llegó vos podés todo.
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